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El mango Keitt: sabor tardío de la Axarquía

Paco El Peloto cortando un mango Keitt en una de sus fincas de la Axarquía.

Pese a que el buen tiempo empieza ya a despedirse, los campos de la Axarquía siguen ofreciendo su color y su vida. Es entonces, entre finales de septiembre y noviembre, cuando madura el mango Keitt, una variedad tardía que prolonga la temporada y llena las fincas de tonos verdes y rosados.


El Keitt no solo representa la última cosecha de mango del año, también es una muestra del equilibrio entre paciencia, cuidado y respeto por el tiempo de la tierra. Su recolección marca el cierre del ciclo de esta fruta tropical, un momento que simboliza el esfuerzo y la constancia de quienes cultivan esta fruta en el paisaje subtropical malagueño.


En este artículo conoceremos el origen del mango Keitt, sus características, su adaptación a la Axarquía y por qué esta variedad se ha convertido en una pieza clave dentro de la agricultura tropical de la comarca.



El origen del mango Keitt


El mango Keitt nació en Florida (EE. UU.) a mediados del siglo XX. Su historia comenzó en 1939, cuando la horticultora Mrs. J.N. Keitt cultivó una plántula procedente de la variedad Mulgoba. Aquella planta mostró cualidades excepcionales: gran productividad, frutos de tamaño considerable y una pulpa sin apenas fibras.


Estas características llamaron la atención de los agricultores locales, que pronto empezaron a propagarla por injertos. Con el tiempo, el Keitt se consolidó como una de las variedades más apreciadas en Estados Unidos, y posteriormente cruzó el Atlántico para adaptarse perfectamente al clima de la Axarquía malagueña, donde encontró condiciones similares a su lugar de origen.



El mango Keitt en la Axarquía


La Axarquía, al este de Málaga, es un territorio donde el mar, las montañas y el sol crean un microclima subtropical único en Europa. Esta combinación de temperaturas suaves, escasas heladas y suelos pizarrosos bien drenados ha permitido que el mango Keitt crezca con fuerza y equilibrio.


Su naturaleza tardía —pues madura más tarde que el mango Osteen— resulta especialmente valiosa: prolonga la campaña del mango de la comarca hasta noviembre y permite disfrutar durante más tiempo de fruta fresca procedente de la tierra.


Los agricultores de la Axarquía valoran el Keitt por su gran productividad, su resistencia al transporte y, sobre todo, por su sabor suave y equilibrado, que contrasta con la intensidad aromática de otras variedades. Cada fruto refleja el esfuerzo acumulado de meses de cuidados, de riegos precisos y de una relación profunda con la tierra.



Características del mango Keitt


El mango Keitt es un árbol de porte vigoroso, de copa amplia y frondosa. Sus hojas son grandes, perennes y lanceoladas, con un tono verde brillante que contrasta con el rosado de los nuevos brotes. En condiciones favorables puede alcanzar entre 4 y 6 metros de altura, aunque en cultivo suele mantenerse más bajo para facilitar la recolección.


Durante la primavera, florece en panículas que agrupan cientos de pequeñas flores blancas y rosadas. Solo una pequeña parte cuaja en fruto, pero la abundancia de floración garantiza buenas cosechas. Su raíz es profunda y fuerte, ideal para suelos bien drenados como los de la Axarquía.


Los frutos del Keitt son de gran tamaño, a menudo superiores a 600 gramos, de forma ovalada y piel verde con matices rosados en la madurez. Su pulpa es de color amarillo pálido, sin fibras, con menos dulzor que el mango Osteen y un toque ácido. Esta combinación lo convierte en un mango muy apreciado para el consumo directo, en platos salados o en repostería natural.



Los cuidados del árbol Keitt


El mango Keitt requiere cuidados constantes, especialmente durante la floración y la maduración de los frutos. Aunque es resistente y adaptable, su productividad y calidad dependen de una atención equilibrada a lo largo de todo el año.


Consejos generales durante el año:


  • Mantener un suelo bien drenado, evitando el encharcamiento.


  • Aplicar riego localizado, ajustando la frecuencia según la temperatura y la fase del árbol.


  • Proteger los ejemplares jóvenes frente a vientos fuertes o fríos.


  • Realizar podas suaves para favorecer la ventilación y entrada de luz.


  • Usar acolchado orgánico para conservar la humedad.


Invierno (diciembre – febrero)

El árbol entra en reposo relativo. Es importante reducir el riego y protegerlo de las heladas. Las podas ligeras ayudan a mantener su forma y eliminar ramas secas.


Primavera (marzo – mayo)

Se inicia la floración. Esta etapa es clave para asegurar una buena producción. Requiere riegos regulares y fertilización equilibrada (nitrógeno, fósforo, potasio y micronutrientes como zinc o boro). También conviene vigilar plagas como trips o pulgones.


Verano (junio – agosto)

Durante el engorde del fruto, el riego debe ser abundante y constante. Los aportes de potasio y calcio ayudan a mejorar el color y la textura del mango. En días muy calurosos, es recomendable proteger los árboles jóvenes con mallas de sombra.


Otoño (septiembre – noviembre)

Llega el momento de la cosecha. La recolección del mango Keitt se realiza con cuidado, seleccionando los frutos en su punto óptimo. Tras la campaña, se lleva a cabo una poda de limpieza y una fertilización postcosecha para recuperar el vigor del árbol.



Un fruto que prolonga el sabor del verano


El mango Keitt no solo cierra la temporada de mangos en la Axarquía: también prolonga la presencia del verano en cada mesa. Su maduración tardía y su textura cremosa reflejan la paciencia y la sabiduría de una tierra que sabe esperar el momento justo.


En cada fruto del Keitt se percibe la esencia del Mediterráneo: la brisa del mar, el sol constante y la constancia de quienes trabajan la tierra día tras día. Es un mango que crece despacio, que no tiene prisa, y que por eso mismo ofrece lo mejor de sí cuando llega su tiempo.


Hablar del Keitt es hablar de equilibrio, de respeto por los ritmos naturales y de la conexión entre el hombre y la tierra. Un fruto que resume la historia reciente de la Axarquía y que, año tras año, sigue recordando que la naturaleza premia a quien sabe escucharla.

 
 
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